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La CIA y la Fundación Ford

Según Petras, una investigación del congreso de EEUU en 1976, reveló que cerca de un 50% de las 700 subvenciones otorgadas en el campo de las actividades internacionales por las principales fundaciones fue financiado por la CIA (Saunders, pp. 134-135). La CIA considera a fundaciones como Ford “la mejor y más plausible forma de cobertura para financiamientos (Saunders 135)”. La colaboración de fundaciones respetables y prestigiosas, según un antiguo agente de la CIA, permitió que la Agencia financiara una “variedad aparentemente ilimitada de programas de acción clandestina que afectan a grupos juveniles, sindicatos, universidades, editoriales y otras instituciones privadas”. Estas últimas incluyeron a grupos de “derechos humanos” desde comienzos de los años ‘50 al presente. Una de las fundaciones privadas más importantes que han colaborado con la CIA durante un período prolongado en proyectos significativos en la guerra fría cultural es la Fundación Ford.

Este ensayo de Petras demuestra que la conexión entre la Fundación Ford y la CIA fue un esfuerzo conjunto, deliberado y consciente, por fortalecer la hegemonía cultural imperial de EE.UU. y debilitar la influencia política y cultural de la izquierda. Procedemos considerando los lazos históricos entre la Fundación Ford y la CIA durante la Guerra Fría , examinando los presidentes de la Fundación , sus proyectos conjuntos, así como sus esfuerzos comunes en varias áreas culturales. A fines de los años ‘50, la Fundación Ford poseía activos de más de 3.000 millones de dólares. Los dirigentes de la Fundación estaban completamente de acuerdo con la proyección del poder mundial en Washington posterior a la Segunda Guerra Mundial. Un destacado erudito de ese período escribe:

“A veces parecía como si la Fundación Ford fuera simplemente una extensión del gobierno en el área de la propaganda cultural internacional. La fundación tenía un historial de participación íntima en acciones clandestinas en Europa, trabajando en estrecha relación con el Plan Marshall y los funcionarios de la CIA en proyectos específicos”. Esto es gráficamente ilustrado por el nombramiento de Richard Bissell como presidente de la Fundación en 1952. En sus dos años en el cargo, Bissell se reunió a menudo con el jefe de la CIA, Allen Dulles, y otros funcionarios de la agencia, en una búsqueda común de nuevas ideas. En enero de 1954, Bissell dejó la Ford para convertirse en asistente especial de Allen Dulles. Bajo Bissell, la Fundación Ford (FF) fue la “vanguardia del pensamiento de la guerra fría”. Uno de los primeros proyectos de la guerra fría de la FF fue el establecimiento de una editorial, Inter-cultural Publications, y la publicación de una revista en Europa (Perspectives, en cuatro idiomas). El propósito de la FF, según Bissell, no era “tanto derrotar a los intelectuales izquierdistas en el combate dialéctico (sic) como atraerlos, alejándolos de sus posiciones”.

El consejo de dirección de la editorial estaba totalmente dominado por partidarios de la guerra fría. Ante la potente cultura izquierdista en Europa en el período de la posguerra, Perspectives no logró atraer lectores y quebró. Otra revista (Der Monat), financiada por el fondo confidencial de los militares de EE.UU. y dirigida por Melvin Lasky, fue adquirida por la FF, para darle un aspecto independiente. En 1954, el nuevo presidente de la FF fue John McCloy. Era la personificación del poder imperial. Había sido subsecretario de Guerra, presidente del Banco Mundial, Alto Comisionado de Alemania ocupada, presidente del Chase Manhattan Bank de Rockefeller, abogado en Wall Street de las siete grandes compañías petroleras y director de numerosas corporaciones. Como Alto Comisionado en Alemania, McCloy había provisto coberturas para muchos agentes de la CIA. McCloy integró a la FF a las operaciones de la CIA. Creó una unidad administrativa dentro de la FF específicamente para tratar con la CIA. McCloy dirigió un comité consultivo de tres personas con la CIA para facilitar el uso de la FF como cobertura y canalización de fondos. Con esos lazos estructurales, la FF era una de esas organizaciones que la CIA podía movilizar para la guerra política contra la izquierda antiimperialista y pro-comunista.

Numerosos “frentes” de la CIA recibieron importantes subsidios de la FF. Muchas organizaciones culturales, grupos de derechos humanos, artistas e intelectuales, supuestamente independientes, auspiciados por la CIA, recibieron subsidios de la CIA y la FF. Una de las donaciones más grandes de la FF fue al Congreso por la Libertad de la Cultura organizado por la CIA, que recibió 7 millones de dólares a principios de los años ‘60. Numerosos agentes de la CIA consiguieron empleo en la FF y continuaron la estrecha colaboración con la Agencia. Desde su origen mismo hubo una estrecha relación estructural y un intercambio de personal a los niveles más altos entre la CIA y la FF. Este lazo estructural estaba basado en los intereses imperiales comunes que compartían. El resultado de esa cooperación fue la proliferación de una cantidad de revistas y el acceso a los medios de comunicación de masas que los intelectuales pro-EEUU utilizaron para lanzar polémicas vituperantes contra los marxistas y otros antiimperialistas. El financiamiento de la FF para esas organizaciones e intelectuales antimarxistas suministraba cobertura legal para sus afirmaciones de que eran “independientes” de los fondos gubernamentales (CIA).

El financiamiento de frentes culturales de la CIA por la FF era importante para reclutar a intelectuales no comunistas a los que alentaba a que atacaran a la izquierda marxista y comunista. Muchos de estos izquierdistas no-comunistas pretendieron más adelante que fueron engañados, que si hubieran sabido que la FF era una fachada de la CIA, no le hubieran prestado su nombre y su prestigio. Sin embargo, esta desilusión de la izquierda anticomunista, no tuvo lugar hasta después de que las revelaciones sobre la colaboración entre la FF y la CIA fueron publicadas en la prensa.

¿Eran de verdad tan ingenuos -se pregunta Petras- esos socialdemócratas anticomunistas como para creer que todos esos congresos en mansiones de lujo y en hoteles de cinco estrellas en el lago Como, en Paris y en Roma, todas esas costosas exposiciones de arte y esas brillantes revistas eran simples actos voluntarios de filantropía? Tal vez. Pero hasta los más ingenuos deben haberse dado cuenta de que en todos los congresos y revistas el objetivo de la crítica era el “imperialismo soviético” y la “tiranía comunista”, como también los “apologistas izquierdistas de la dictadura”, a pesar de que era un secreto a voces que EE.UU. intervino para derrocar el gobierno democrático de Jacobo Arbenz en Guatemala y el régimen de Mossadegh en Irán y que los derechos humanos eran masivamente violados por las dictaduras respaldadas por EE.UU. en Cuba, la República Dominicana , Nicaragua y en otras partes.

La indignación y las afirmaciones de inocencia de muchos intelectuales de izquierda anticomunistas después de que se reveló que fueron miembros de los frentes culturales de la CIA, deben ser tomadas con una buena dosis de cínico escepticismo. Un prominente periodista, Andrew Kopkind, escribió sobre un profundo sentido de desilusión con los frentes culturales financiados por las fundaciones privadas y la CIA. Señaló que: “La distancia entre la retórica de la sociedad abierta y la realidad del control fue mayor de lo que alguien se hubiera podido imaginar. Todo el que viajó al extranjero para una teoría de que el mundo estaba dividido entre el comunismo y la democracia y que todo lo demás constituía una traición. La ilusión del disenso fue mantenida: la CIA apoyaba a socialistas partidarios de la guerra fría, a fascistas partidarios de la guerra fría, a negros y blancos partidarios de la guerra fría. La amplitud y la flexibilidad de las operaciones de la CIA fueron sus principales ventajas. Pero era una farsa de pluralismo y era extremadamente corruptor”.

Para muchos desconocedores de la dinámica de las comunidades internacionales de inteligencia, la CIA parece ser parte de las películas noventistas o de las ocurrencias novelísticas del norteamericano Robert Ludlum. Pero no es así. Existe en la realidad y es la herramienta de espionaje más sofisticada al servicio del gobierno de Estados Unidos y sus aliados, tanto de los republicanos como de los demócratas. Justamente hace unos días se supo que apareció en EEUU el científico nuclear iraní Shahram Amirí, que estuvo desaparecido por un año. Hay dos versiones: que fue secuestrado por la CIA o que la agencia lo ayudó. Amirí, el físico nuclear iraní que según Teherán fue secuestrado por la CIA hace un año, apareció en la embajada paquistaní en Washington, donde se gestionan los asuntos diplomáticos del régimen de los ayatolás en EEUU. El experto aseguró en una entrevista telefónica para la televisión estatal iraní que el “gran perdedor fue EEUU”, que no pudo sacarlo de suelo norteamericano por un tercer país “sin hacer ruido”.

Amirí desapareció a principios de junio de 2009, durante un viaje de peregrinación a La Meca. Sin embargo, el portavoz del Departamento de Estado de la Casa Blanca, Philip Crowley, señaló que el experto tiene “libertad para irse cuando quiera”. Israel aseguró que el barco libio que se dirigía a Gaza con ayuda humanitaria aceptó descargar su cargamento en el puerto egipcio. El nuevo escándalo podría aumentar la tensión entre los dos países que rompieron relaciones tras el triunfo de la revolución islámica en 1979. El ministro de Exteriores de Irán, Manucher Mottaki, aseguró el martes pasado en Madrid que su país ya “tramita el proceso” de retorno de Amirí y espera que “no haya ningún obstáculo para ello”. El funcionario se mostró convencido de que EE.UU., en colaboración con Arabia Saudita, organizó el secuestro del físico. Tres supuestos videos de Amirí se hicieron públicos en las últimas semanas. En el primero, transmitido por la televisión iraní, un hombre identificado como Amirí aseguró haber sido secuestrado por EE.UU. y torturado. En otras imágenes colgadas en Internet, otro supuesto Amirí dijo estar estudiando en Estados Unidos. Mientras en una tercera aparición, en la televisión del régimen, otra persona aseguró haber conseguido escapar de los agentes que lo custodiaban y estar escondido, solicitando a los grupos pro derechos humanos ayuda para regresar a Irán. Finalmente, ayer la cadena estadounidense ABC aseguró que fue la CIA la que organizó la fuga del físico.

Por Domingo Schiavoni

Diario Panorama

Archivado en: américa del norte, , ,

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